Hay algo especial en las sesiones infantiles en exterior.
Quizá sea la luz natural, los espacios abiertos, la posibilidad de correr, descubrir, jugar y moverse con libertad. O quizá sea que, cuando los niños están fuera, todo sucede de una manera mucho más espontánea.
Por eso me gustan tanto este tipo de sesiones.
Cuando hacemos una sesión infantil en exterior, mi objetivo no es conseguir únicamente una colección de fotografías bonitas. Lo que realmente busco es que esas imágenes hablen de ellos: de cómo son ahora, de sus gestos, de su forma de reírse, de cómo miran, de la relación que tienen con sus hermanos o con sus padres y de todos esos pequeños detalles que, con el paso del tiempo, vamos olvidando sin darnos cuenta.
Porque los niños crecen muy rápido.
Y aunque ahora podamos pensar que siempre recordaremos esa sonrisa, esa forma de correr o esa manera tan suya de cogernos de la mano, los años pasan y esos pequeños detalles empiezan a desdibujarse.
Las fotografías tienen precisamente esa capacidad: hacer que podamos volver a ellos.
¿Por qué me gustan tanto las sesiones infantiles en exterior?
Una de las principales razones es la libertad que tienen los niños.
En una sesión exterior no necesitan estar constantemente quietos ni mirando a cámara. Pueden caminar, correr, sentarse en el suelo, recoger flores, jugar, abrazar a sus padres o simplemente observar lo que sucede a su alrededor.
Y mientras todo eso ocurre, yo voy fotografiando.
Por supuesto, durante la sesión voy guiando a la familia y proponiendo pequeños juegos o situaciones para que las fotografías tengan una estética cuidada, pero intento que todo suceda de una manera natural.
No busco sonrisas forzadas.
Prefiero una carcajada de verdad, una mirada entre hermanos, unas manos pequeñas agarrando las de mamá o papá o ese momento en el que un niño se olvida completamente de que hay una cámara delante.
Muchas veces son precisamente esas fotografías las que terminan convirtiéndose en las favoritas de las familias.

Urueña, uno de mis lugares favoritos para hacer sesiones
Uno de los lugares que más me gusta utilizar para las sesiones infantiles y familiares es Urueña.
Su entorno tiene muchísimas posibilidades fotográficas.
La piedra de sus calles y murallas, los caminos, los campos que rodean el pueblo y las vistas abiertas crean un escenario precioso y muy diferente al de una sesión realizada dentro del estudio.
Además, dependiendo de la época del año, el paisaje cambia completamente.
Los tonos verdes de primavera, los dorados del verano, los colores tierra del final de temporada… cada momento del año aporta una estética distinta.
Y después está la luz.
Siempre que es posible intento realizar estas sesiones durante las últimas horas de la tarde, cuando el sol empieza a bajar y la luz se vuelve mucho más suave y cálida.
Es esa luz que envuelve en lugar de iluminar directamente, que crea tonos dorados y que aporta una sensación especialmente bonita a las fotografías.
Por eso la hora de la sesión no se elige al azar.
La luz es una parte fundamental de mi trabajo y puede cambiar completamente el resultado de una fotografía.

Los niños no tienen que saber posar
Esta es una de las preocupaciones que algunas familias tienen antes de una sesión:
“Mi hijo no se va a estar quieto.”
Perfecto.
No necesito que se esté quieto.
De hecho, en una sesión infantil exterior, que los niños se muevan forma parte de la propia sesión.
Tampoco tienen que saber posar, mirar a cámara o sonreír cuando alguien se lo pide.
Mi trabajo consiste precisamente en observarlos, conocer un poquito cómo son y adaptar la sesión a ellos.
Hay niños que desde el primer momento están encantados de participar y otros que necesitan un poquito más de tiempo.
Algunos quieren correr.
Otros prefieren estar cerca de sus padres.
Hay niños muy tímidos y otros que convierten la sesión en una aventura desde el primer minuto.
Y todo está bien.
Cada sesión es diferente porque cada niño también lo es.
El vestuario también forma parte de la fotografía

Una de las cosas que más influye en el resultado final de una sesión es el vestuario.
No porque sea necesario comprar ropa nueva ni preparar estilismos complicados, sino porque los colores y los tejidos pueden ayudar muchísimo a conseguir fotografías visualmente más armoniosas.
Para las sesiones exteriores suelo recomendar tonos suaves y naturales.
Beige, blanco roto, crema, camel, marrones, verdes suaves, azul empolvado, rosa apagado o tonos tierra suelen funcionar especialmente bien.
Son colores que se integran perfectamente en el paisaje y hacen que la atención siga estando en las personas.
También me gustan mucho los tejidos naturales y las prendas con cierta textura: punto, lino, algodón, pana fina…
Todo ello aporta calidez a las fotografías.
¿Qué ropa conviene evitar?
Siempre recomiendo evitar, en la medida de lo posible:
- Grandes logotipos.
- Dibujos demasiado llamativos.
- Estampados muy grandes.
- Colores fluorescentes.
- Combinaciones de muchos colores diferentes.
- Prendas excesivamente deportivas, salvo que ese sea precisamente el estilo que queramos para la sesión.
La idea no es que toda la familia vaya exactamente vestida igual.
De hecho, prefiero que no sea así.
Lo ideal es coordinar, no uniformar.
Podemos elegir una pequeña gama de colores y hacer que las prendas de cada miembro de la familia combinen entre sí.
Por ejemplo, beige, blanco y verde.
O tonos tierra, crema y marrón.
O rosa empolvado, beige y blanco roto.
Así cada persona mantiene su propio estilo, pero cuando vemos todas las fotografías juntas existe una armonía visual.
La comodidad de los niños es fundamental
Hay algo todavía más importante que el color del vestuario: que los niños estén cómodos.
Si un niño lleva una prenda que le molesta, unos zapatos con los que no puede correr o algo con lo que no se siente él mismo, probablemente también se reflejará durante la sesión.
Por eso siempre recomiendo ropa bonita, sí, pero también cómoda.
Quiero que puedan sentarse en el suelo, caminar, correr y jugar sin estar constantemente pendientes de la ropa.
Las mejores fotografías infantiles aparecen muchas veces cuando dejamos de preocuparnos por mantener todo perfecto.
¿Y si hacemos fotografías con toda la familia?
Aunque muchas sesiones comienzan pensando principalmente en los niños, siempre recomiendo aprovechar para hacer también algunas fotografías familiares.
Porque normalmente somos los adultos quienes hacemos cientos de fotografías de nuestros hijos.
Pero pocas veces aparecemos en ellas.
Y con los años, esas fotografías familiares adquieren muchísimo valor.
No necesitamos hacer algo complicado.
Puede ser un paseo juntos, un abrazo, unas cosquillas, los niños cogidos de la mano de sus padres…
Momentos sencillos.
Pero precisamente por eso funcionan.
Porque probablemente se parecen mucho más a vuestra vida real.
Una sesión también puede convertirse en una experiencia
Para mí, una sesión de fotografías debería ser algo más que el tiempo que estamos delante de la cámara.
Me gusta pensar que también puede convertirse en una pequeña experiencia en familia.
Prepararos juntos.
Elegir la ropa.
Salir del ritmo habitual.
Dar un paseo.
Jugar con los niños.
Reíros.
Y dedicar durante un rato toda la atención únicamente a estar juntos.
Muchas familias llegan a la sesión preocupadas por cómo se comportarán los niños o por si conseguiremos buenas fotografías.
Y muchas veces terminan diciéndome que se lo han pasado mucho mejor de lo que esperaban.
Eso también forma parte del recuerdo.
Fotografías que cobran valor con los años
Cuando entrego una sesión siempre pienso en cómo se verán esas fotografías dentro de diez, veinte o treinta años.
Porque ahora probablemente serán imágenes bonitas.
Pero dentro de unos años serán mucho más que eso.
Serán una forma de recordar cómo eran vuestros hijos cuando tenían cinco años.
Cómo se reían.
Cómo llevaban el pelo.
Cómo se abrazaban a vosotros.
Qué pequeña era su mano dentro de la vuestra.
Por eso intento crear fotografías sencillas, naturales y atemporales.
Imágenes que no dependan demasiado de una moda concreta y que puedan seguir emocionando dentro de muchos años.
¿Estáis pensando en hacer una sesión infantil en exterior?
Si os gustan las fotografías naturales, la luz del atardecer, los espacios abiertos y las imágenes en las que los niños pueden ser realmente niños, probablemente una sesión exterior sea perfecta para vosotros.
Antes de cada sesión os ayudaré a preparar todos los detalles: elegiremos el lugar, hablaremos del horario y os orientaré sobre el vestuario para que todo combine y el resultado sea coherente.
Después solo tendremos que hacer una cosa:
disfrutar del momento.
Porque mientras vosotros jugáis, camináis, os abrazáis y estáis juntos, yo me encargo de guardar esos recuerdos.
Y quizá dentro de unos años, al volver a mirar esas fotografías, podáis recordar exactamente cómo era esta etapa de vuestra familia.
Porque los niños crecen.
Pero las fotografías permanecen.
